En un caserío del estado Nueva Esparta, Aricagua, el 16 de febrero de 1939, nació Eliud David. El nombre lo puso el abuelo paterno, quien era evangélico.
Rememora de su isla, cuando era niño, los caminos arenosos y los chubascos que caían esporádicamente. Este escenario es nuboso en su memoria y está lleno de lejanías. Cuando comienza a tomar conciencia de su identidad se ve en el caserío Manzanillo, puerto de aguas profundas, de mar azul cobalto que en aquella época brindó la bauxita para exportación.
Y continuando el panorama de la infancia desfila por su memoria una maestra que era un verdadero ángel, Margot Rodríguez. Ella le enseñó a leer y escribir y ¡cuanta felicidad para Eliud! traer a la mente la escena infantil de su maestra llevándole la mano para hacer "oes" y cuando lo ponía a dibujar el mapa de Venezuela y América del Sur.
Pero necesariamente el papel de los maestros se agota ante la infancia que se desarrolla y así ocurrió con esa maestra querida de la Escuela Municipal y entonces le llevaron a la Escuela Estadal, donde se impartía educación hasta segundo grado de instrucción primaria. De los engramas de su memoria recoge el nombre del maestro, Narciso López, chapado a la antigua, de esos especímenes que daban palmetazos en las manos cuando el niño hacía una copia con errores ortográficos. Fueron muchas las discusiones que tuvo su madre con el maestro cuando el niño le contaba los pormenores de esa práctica ominosa.
Remigia se puso en contacto con un hermano que vivía en Puerto Fermín (El Tirano) llamado Pedro Marrero, a quien le entregó la obligación de cuidar a su hijo mientras estudiaba el tercer grado en la Escuela Federal "Luis Ortega". Por cierto que la verdadera protectora del niño fue Pema, la esposa de Marrero, quien según Eliud, fue uno de los seres más extraordinarios que ha conocido, cuya capacidad para entregar amor era infinita y su paciencia extraordinaria. En esa Escuela, su maestra preferida fue Dorina Marcano de López, otro de esos seres almibarados que le tocó conocer. Apreciamos como Eliud tiene en primer plano los recuerdos afectivos.
Ya cursaba quinto grado y para esa época, debía caminar, muy de mañana hasta una escuela en El Tirano. Por las tardes salía con otros dos compañeros del mismo caserío, mojándose los pies, por la orilla de la playa, hasta Manzanillo. Ya para ese entonces su mente iba buscando otros rumbos. Comprendía que la vida del caserío era un camino muy pequeño para las distancias que pensaba recorrer. Debía estudiar para ser un profesional y alcanzar la vida que se merece por justicia social ese ser que ha realizado esfuerzos por superarse.
Eliud Marín relata "En una ocasión, reunidos en familia mi tío Agustín decide llevarme a Caracas para que estudiara el sexto grado y así me vi estudiando en la escuela Franklin Delano Roosevelt situada frente al Parque Tiuna. Al finalizar el sexto grado regresé a Barcelona y estudié en el Liceo Juan Manuel Cajigal, con la particularidad de que en esa Institución se cursaba solamente hasta el cuarto año de bachillerato, lo cual planteaba a los estudiantes otro problema, tener que salir a otra ciudad a estudiar quinto año: en Maturín o en Cumaná (1955).
Es así como decido ir a Caracas a estudiar Química Industrial, pensando que esa profesión me facilitaría una fuente de trabajo que nos permitiera coger otros rumbos. Conseguí cupo en un Liceo de Caracas. Entonces me presenté en el Liceo Juan Vicente González, era una orden de la dictadura y me dieron la entrada para luego obtener el título de Bachiller en Ciencias"
Posteriormente me dirigí a la Escuela de Laboratorio Clínico donde me dijeron: Esta escuela se llama ahora Escuela de Bioanálisis. Estaba ubicada en una vieja casona de San Lorenzo a Pirineos, donde había funcionado la antigua Escuela de Medicina. Parecía un anfiteatro, con salones, laboratorio y un auditorium con gradas a manera de tribunas. En el centro "allá abajo" el profesor dictaba sus clases, lo cual me daba la impresión de un ring de boxeo intelectual. En el jardín había un aguacatero de donde Antonio, el bedel, cogía los frutos que repartía con algunos de los alumnos".
Por esa época hizo una amistad muy estrecha con el Profesor José Gabriel Espinoza, quien además de enseñarle los vericuetos de la profesión le transmitió algo que considera importante en su vida: la comprensión de los mensajes musicales y lo inició en la afición por el arte fotográfico.
En el año de 1959 Eliud se graduó de Bioanalista y trabajó en la Creole Petroleum Corporation en Cabimas. Esa etapa en la compañía petrolera le sirvió para adquirir disciplina en el trabajo y decidió hacer equivalencia de materias en la Universidad de Los Andes con el fin de obtener el título de Licenciado en Bioanálisis, graduándose en al año de 1971, y cuatro años más tarde se retiró de esa empresa para retornar a Puerto La Cruz.
Siendo presidente del Colegio de Bioanalistas, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales le ofreció una Beca para cursar una especialización. Deseaba estudiar Química, pero su amiga y microbióloga Josefina Guaricuata con quien intercambiaba opiniones en una convención en Valencia, le dijo repentinamente: "Yo no sé cual es tu empeño en estudiar Química si hasta letra de bacteriólogo tienes". Desde ese momento se dio a la tarea de buscar sitio en Atlanta para estudiar Microbiología y con ese propósito se fue a Estados Unidos para estudiar inglés en la Cornell University. Numerosos problemas le obligaron a regresar a los tres meses y nuevamente Josefina Guaricuata le sirvió de guía para indicarle los rumbos posibles. Como consecuencia consiguió un cupo en el Centro Regional de Referencia Bacteriológica en el Hospital Universitario de Maracaibo y así pudo lograr su sueño de ser Bacteriólogo.
Eliud es una persona de espíritu amplio, con relaciones humanas cálidas, siempre sonriente prodiga sus carcajadas cuando otros seres humanos necesitan su atención y así cubre de buen humor el ámbito que ocupa. Sus mensajes parecen la columna de humo que el guaiquerí lanza al viento cuando desea comunicar a todos el deseo de vivir intensamente.
Parece un Shamán en su laboratorio de bacteriología acercando sus ojos al microscopio en demasía para armonizar su miopía con las lentes bifocales que continúan más allá de su mirada... Las bacterias que siembra en sus cultivos policrómicos crecen lentamente bajo su supervisión y demuestran las posibilidades de expansión comunitaria que tienen esos seres tan pequeños pero tan nocivos para el género humano.
En 1985 la Federación de Colegios de Bioanalistas de Venezuela le otorgó la Condecoración "Rafael Rangel" por la labor gremial realizada.
Eliud Marín es fundador y primer presidente del Capítulo Anzoátegui de la Sociedad Venezolana de Microbiología y fundador de la Sociedad de Bioanalistas de los Distritos Bolívar y Baralt en el estado Zulia.
El tiempo continúa y su máxima condecoración es el trabajar constantemente, perseverante en sus deberes, poniendo sus mejores esfuerzos por cumplir con la humanidad doliente, aquélla que alcanzada por el daño bacteriano o viral puede sucumbir si no hay un diagnóstico oportuno y un tratamiento salvador.