Slavia Cristina Ryder Jaksic nació en Maracaibo el 16 de junio de 1938, en el seno de una familia modesta formada por Luis Ryder, mecánico polaco y Oliva Jaksic de Ryder, ama de casa yugoslava, que fue aumentada dos años más tarde con el nacimiento de otra niña, Elena, sin otros familiares cercanos en el país, pero con gran arraigo por esta tierra que les dio cobijo.
Los primeros años de Slavia transcurren en la Costa Oriental del Lago, donde Don Luis trabajaba en la industria petrolera. Más tarde, la familia se trasladó a Maracaibo donde las dos hermanas comenzaron sus estudios primarios en la Escuela Federal Baralt, luego, siempre juntas, continuaron en el Liceo del mismo nombre, Rafael María Baralt, donde escogieron la alternativa de Ciencias Biológicas, sin otra orientación que su propia inclinación hacia esta rama de las Ciencias. Durante esta etapa de la educación secundaria, Slavia participó en actividades culturales y ecológicas, a través de danzas folklóricas y trabajó en el huerto escolar. También se destacó en la prosa y la pintura.
En 1956 comenzó sus estudios de Medicina en la Universidad del Zulia (LUZ) los cuales culminó, con excelentes calificaciones en 1962 recibiendo el título de Médico-Cirujano.
Mientras cursaba la carrera de Medicina, en su tercer año, fue entusiasmada, junto con su hermana y otro grupo de estudiantes, por el Dr. Américo Negrette, profesor de Semiología del Sistema Nervioso, para formar parte de un grupo de investigación científica que fue la semilla de lo que hoy constituye el Instituto de Investigaciones Clínicas, de la Facultad de Medicina, de la Universidad del Zulia (LUZ). El Dr. Negrette estaba, para aquel entonces, dedicado al estudio de ciertas enfermedades virales como la mononucleosis infecciosa y la Encefalitis Equina Venezolana (FEV), y fue el primero que alertó sobre la aparición de epidemias de esta última zoonosis en la zona norte del estado Zulia. Así pues, Slavia se sintió inclinada a seguir las orientaciones del Dr. Negrette y decidió dedicarse a estudiar, una vez graduada, los conceptos básicos y epidemiológicos de esta enfermedad, la Encefalitis Equina Venezolana (EEV), en el Departamento de Virología, Sección Arbovirus, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) en los Altoas de Pipe, bajo la dirección del Dr. Gernot Bergold.
Exactamente en ese año de 1962, cuando Slavia ingresó como investigadora al IVIC, se inició una de las más importantes epidemias de EEV en el estado Zulia, así que, junto con los demás integrantes del laboratorio de Virología del IVIC, participó activamente en el estudio de dicha epidemia.
A mediados de 1963 fue becada por la LUZ para proseguir estudios de Virología en el para entonces conocido como Communicable Disease Center (hoy Center for Disease Control) de Atlanta, en los Estados Unidos. Junto a los Dres. Phillip Coleman y Telford Work publicó en el American Journal of Epidemiology, un trabajo sobre un nuevo arbovirus del grupo Guama, el Mahogany Hammock Virus aislado de los Everglades de la Florida y participó en un estudio cooperativo en el cual se analizaron las características de una epidemia de Encefalitis de San Luis en Houston, EEUU, publicado en el JAMA en 1965.
Ese mismo año de 1965 regresó a Venezuela, a la Sección de Virología del Instituto de Investigaciones Clínicas, de la Facultad de Medicina, de la LUZ donde consolidó un grupo de investigación en arbovirus, especialmente en Encefalitis Equina Venezolana, virus al que le dedicó su vida desde ese momento.
Junto al médico-virólogo Armando Soto Escalona, su profesor Américo Negrette y el médico-epidemiólogo (lamentablemente fallecido) Luis Tarcisio Finol, logró establecer las características cíclicas de las epidemias de EEV en la zona de La Guajira venezolana, y su Tesis de Doctorado en Ciencias Médicas, "Encefalitis Equina Venezolana: Epidemiología de la enfermedad entre 1962 y 1971 en La Guajira Venezolana" presentada en 1972, representa un clásico sobre el tema. En ella resume las investigaciones epidemiológicas realizadas durante ese período en esa zona del país, en un intento de localizar el foco enzoótico de la enfermedad. Anota que si bien la Península de La Guajira es una región desértica, de vegetación xerófila, posee muchas lagunas de aguas salobres cubiertas de una planta acuática bajo cuyas hojas se demostró la multiplicación del Culex, probable vector enzoótico. A este respecto, en las capturas de mosquitos, practicadas en las áreas de estudio, se logró identificar el Culex melanoconion aikenii, del que se había aislado el virus en Panamá. Aunque los esfuerzos para aislar los agentes durante los períodos inter epidémicos fueron infructuosos a la fecha, se pudo detectar la presencia de anticuerpos en cuatro especies de animales salvajes: Proechymis, Tupinambis, Didelphys y Ameive, el primero de los cuales había sido previamente demostrado como reservorio del virus. Concluía que pareciera que estaban dadas las condiciones para el establecimiento del foco enzoótico del virus en la región y que sería cuestión de tiempo el lograr el aislamiento del agente, para que una vez conocidos los factores que intervienen en el ciclo enzoótico del virus, se podría intentar un control más racional de la enfermedad.
En un primer Año Sabático, en 1974, visitó el Departamento de Microbiología de la Universidad de Cornell en Nueva York, a la sazón dirigido por el Dr. William Scherer, donde se dedicó al estudio de los transmisores involucrados en las arbovirosis. Específicamente estudió la transmisión de cepas suramericanas del virus de la EEV por mosquitos Aedes aegypti. Haciendo ensayos de transmisión con cepas venezolanas, peruanas y colombianas del virus de la EEV a mosquitos Aedes aegypti y no obtuvieron diferencias significativas en los porcentajes de transmisión, excepto con una cepa peruana, catalogada como un nuevo subtipo antigénico, cuyo porcentaje de transmisión fue muy bajo. Concluyeron que el A. aegypti transmite eficazmente las cepas estudiadas, aunque no tiene capacidad de selección entre las mismas.
Nuevamente en el laboratorio en Maracaibo, con Armando Soto Escalona, Hugo Machado y Linda Blitz, y con la colaboración especial de Robert Dickerman, de la Universidad de Cornell, estudió el papel de las aves y murciélagos, en el ciclo epidemiológico de las arbovirosis en el estado Zulia. Entre las aves estudiadas estuvieron gaviotas, gaviotines, patos y garzas las cuales habían sido capturadas durante una epidemia causada por el virus en La Guajira venezolana en 1973. Como no se encontraron anticuerpos en ninguna de ellas se concluyó que estas aves podrían accidentalmente estar involucradas en el ciclo epidemiológico del virus, pero no jugaban un papel importante en la diseminación. De igual forma 13 especies diferentes de murciélagos capturados al norte y sur del estado Zulia dieron resultados negativos en cuanto a la presencia de anticuerpos para el virus.
Un nuevo Año Sabático, en 1982, transcurrió para Slavia entre dos importantes laboratorios, dependientes también del CDC, el Laboratorio de Arbovirus de Fort Collins, EEUU y el Dengue Branch de San Juan de Puerto Rico, donde trabajó con Charles Calisher y Duane Gubler, respectivamente.
Todas las epidemias de encefalitis, ocurridas entre 1962 y 1995 han sido estudiadas por Slavia y su grupo, al igual que realizaron estudios en períodos ínter epidémicos. Determinaron la evolución de los anticuerpos en los individuos provenientes de zonas afectadas, dando la voz de alarma cuando el número de la población desprotegida alcanzaba cifras peligrosas. En 1981 informaron sobre la ausencia de inmunidad en niños de 5 a 7 años, nacidos después de la epidemia de 1973, observando que ninguno poseía anticuerpos contra EEV por lo que concluyeron que el virus no había estado activo en la zona desde su última incursión en 1973. En 1989 hicieron nuevamente un estudio para conocer la presencia de anticuerpos contra EEV en la zona de la Guajira y encontraron que en la población infantil la tasa de negatividad alcanzaba un 97% y entre los adultos un 65%, demostrando una vez más la inactividad del virus en la zona, ya que además, el porcentaje de positividad entre los mayores de 15 años se mantuvo en el mismo nivel de la anterior encuesta.
Para 1990 la situación seguía igual en el Distrito Mara, otro de los distritos sometidos a frecuentes epidemias, lo que representaba un alerta sobre la situación inmunológica de la población, por lo que advirtió que en cualquier momento podía originarse una epidemia, lo que de hecho ocurrió en 1995, cuando una epidemia de altas proporciones afectó la zona.
Su magnífica relación con los epidemiólogos regionales permitió, en acción conjunta, el manejo de estas epidemias. Ha tenido también estrecha relación de colaboración con otros investigadores venezolanos, sobre todo en el área de la Virología, como José Esparza, quien fue su alumno como estudiante de Medicina, Octavio Suárez y Raúl Walder del IVIC, Jorge García Tamayo y Edgar Jaimes de la UCV, con Julieta de Síger del Instituto de Investigaciones Veterinarias de Maracay y Luis Ruiz Padilla de la UCLA, entre otros.
También participó activamente en las actividades de vacunación de équidos, promovidas por las autoridades sanitarias de la región, con el fin de evitar la aparición de epidemias y ayudó en la evaluación de la efectividad de dichas vacunaciones. Todos estos estudios fueron difundidos a través de comunicaciones a reuniones locales, congresos nacionales e internacionales y publicaciones, principalmente en la revista Investigación Clínica, órgano de difusión del Instituto de Investigaciones Clínicas. Un suplemento especial, con toda la producción científica sobre EEV de dicho Instituto, donde se incluyeron todos los trabajos de Slavia, fue editado en dicha revista, en 1995.
Ha recibido varios reconocimientos de la Sociedad Venezolana de Microbiología, a saber: Placa a la labor desplegada como Coordinadora de la Comisión Científica del II Congreso Venezolano y X Jornadas de Microbiología en 1979 y Placa por su "brillante labor como investigadora, traducida en 25 años de vigilancia epidemiológica del Zulia, creación de la primera Cátedra de Virología en LUZ y Miembro Fundador del Capítulo Zuliano", reconocimiento otorgado en 1991. Además, recibió de la Universidad del Zulia, la Orden Jesús Enrique Lossada en su Primera Clase y la Orden Mérito al Trabajo en Primera Clase del Gobierno Nacional.
Su trabajo tesonero a favor de la salud de la población Guajira, ha sido reconocido por la Alcaldía del Municipio Páez, y por otro lado, el colegio "Orángel Abreu Semprún" de Paraguaipoa ha honrado con su nombre su Centro de Ciencias, por iniciativa del Festival Juvenil de la Ciencia de AsoVAC.
La actividad científica de Slavia no sólo se concentró en el laboratorio y en los estudios de campo, sino que ha sido una promotora de la ciencia a través de su incansable labor participando en la creación y mantenimiento de importantes asociaciones científicas. En 1966 forma parte de la Comisión Organizadora del Capítulo Zuliano de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC), del cual fue Presidenta en el período 1968-1969. En 1969 integra la Comisión Organizadora del Capítulo Zuliano de la Sociedad Venezolana de Microbiología, ocupando en este Capítulo la Secretaría General entre 1970 y 1971, la Vicepresidencia entre 1971 y 1972 y la Presidencia entre 1972 y 1973, repitiendo en dicho cargo entre 1983 y 1985. Tanto en una como en otra asociación, ha actuado en forma determinante en la organización de eventos científicos patrocinados por ellas.
Además de pertenecer a estas dos asociaciones científicas nacionales, es Miembro Activo de la Sociedad Americana de Medicina Tropical e Higiene desde 1968 y de la Asociación Americana de Salud Pública desde 1979.
Su interés en la difusión de la ciencia no se limitó a la publicación de sus trabajos sino que fue Editora de la revista Investigación Clínica entre 1972 y 1990. Durante su gestión como Editora, la revista Investigación Clínica fue incluida en el Science Citation Index y ganó el Premio "Tulio Arends" del CONICIT como mejor revista científica. También fue Miembro de la Comisión Técnica de Publicaciones y Asuntos Bibliográficos del CONICIT en los períodos 1976-1978 y 1980-1981 y Secretaria de Organización de la Asociación de Editores de Revistas Médicas Venezolanas (ASEREME) en 1978.
Con un cabal cumplimiento de la academia, Slavia no sólo ha realizado labor de investigación, manifiesta en sus 32 publicaciones y 40 comunicaciones a congresos, y en actividades de extensión, participando en la vigilancia epidemiológica de la región, sino que su labor docente ha sido amplia y reconocida. Fue creadora, junto con Armando Soto Escalona de la Cátedra de Virología de la Escuela de Bioanálisis, de la Facultad de Medicina, de LUZ, donde impartió docencia por casi dos décadas, sirviendo de tutora de varias tesis de grado. Colaboró también con la docencia en las Cátedras de Microbiología de la Escuela de Medicina, en la de Epidemiología de la Facultad de Ciencias Veterinarias y en la de Microbiología de la Escuela de Biología de la Facultad de Ciencias de LUZ y en los cursos internacionales de Epidemiología y de Malaria y Control de Vectores y Curso Medio y Superior de Salud Pública organizados por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y la Organización Panamericana de la Salud.
Actualmente es Profesor Emérito de la Facultad de Medicina de LUZ. Sin embargo, asiste regularmente a su laboratorio estimulando con su presencia y asesoría a un nutrido grupo de jóvenes investigadores y estudiantes en la Sección de Virología del Instituto de Investigaciones Clínicas.
Asidua viajera, en funciones profesionales o recreativas, ha recorrido, en compañía de su hermana Elena (también investigadora científica), prácticamente todos los países de América del Sur, casi todos los estados de los Estados Unidos, casi todos los países del continente europeo y, en un par de veces, ha visitado el Japón. Amante del buen comer, le gusta deleitarse con comidas típicas de las regiones que visita. De sus incursiones culturales ha atesorado una importante biblioteca y obras pictóricas que adornan las paredes de su residencia. Disfruta de eventos como el teatro, así como de actividades al aire libre, de reuniones con amigos, del patio de su casa y con sus mascotas caninas, y no descansa hasta no leer con detalle las noticias locales y ver el último noticiero.
Se puede concluir que la Dra. Slavia Ryder ha dedicado su vida a la Ciencia, a la Universidad y sobre todo a Venezuela.